La nostalgia no siempre es mala, pero cuando dice a ser mala, lo es con ganas. Porque no se trata de ese sentimiento normalito que se te mete dentro un día porque ves un pájaro que se parece al de tu vecino de allá de la calle en la que naciste, donde corrías de niño, o porque te acuerdas al escuchar un crujido de un balancín de madera, del sonido de la mecedora de tu abuela.

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