Mis amigos me llaman el caracol, porque dicen que me paso la vida con la casa a cuestas, pero es que hay que ir moviéndose, buscando lo mejor para los tuyos.

Yo creo que es un gen familiar lo nuestro, porque según me contaba mi padre, los viajes de un lado a otro del Atlántico empezaron allá por el 1504 pues según nos contaba en la familia, el primero de los Bethencort (es el apellido paterno de mi familia) vino en el  cuarto viaje de Colón, de polizón en un barco que recaló en Tenerife, o en La Gomera, nunca lo hemos sabido con certeza, huyendo de unos líos de faldas, contaban.

Desde ahí, lo de mi familia ha sido un ir y venir constante.

Durante el siglo XIX, uno de mis tatarabuelos, o algo parecido, salió de Caracas, donde estaba establecido, huyendo de la fuerzas de los insurgentes de Bolívar, y se volvió a Tenerife, de donde al cabo de los años mi abuelo se vino, otra vez, por la situación de la isla después de la Guerra Civil, y en Caracas vine al mundo yo, empezando otra vez.

Ahora la situación se nos complica, y hay que volver a liarse la manta a la cabeza, y salir a buscar un futuro menos complicado.

Porque nos volvimos hace unos meses de vuelta a Canarias, de vuelta en el camino, con la casa a cuestas, porque la situación en Venezuela se estaba poniendo muy complicada.

Por suerte, ahora es más fácil todo. Habíamos podido ahorrar, vender algunas propiedades y sortear las limitaciones legales que nos han impuesto para poder sacar unos pocos dólares.

Con lo de la restricción de las monedas fuertes nos han complicado las cosas, pero por suerte nuestra familia en Tenerife nos puso en contacto con un despacho de abogados excepcional, que nos ayudaron, con los trámites.

Pero aquí en Canarias las cosas no están nada bien, no señor.

5.000 euros pudimos traer, y entre alquileres y la cesta de la compra en estos meses, y el colegio de los niños, y las medicinas… ya queda poco, lo justo para gestionar con la abogada un retorno a Caracas, otra vez… con la casa a cuestas.

A ver si al final los Bethencort podemos echar raíces profundas, y dejar de ser como me dicen los amigos, la familia caracol.

Albania Oyarzun.

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