-Pero claro que te entiendo Manuel, cómo no te voy a entender si al final esto lo hemos levantado juntos.

¿Te acuerdas de aquella tarde después de pasar el día en el Zoológico de Caricuao, que tu hija Isabel y mi hijo se pusieron tan pesados con lo de las arepas?

Cuando volvimos, caminando por el Bulevar de Santa Rosa (yo todavía no me acostumbro a llamarlo de otra manera, cosas de viejo) no encontramos ni una arepera abierta ese día, y me dijiste que lo mismo no era mala idea lo de abrir un negocio por allí, cerca de la Iglesia, y yo con ironía te dije que claro, que invirtiésemos los ahorros de media vida, dejásemos nuestros trabajos y nos metiéramos en un negocio nuevo que no conocíamos… quién me lo iba a decir, veinte años después, y tenemos la mejor arepera del barrio, y esto se llena día sí, día no, y los fines de semana la cola dobla la esquina, y todo por obra y gracia de Santa Rosa (dices tú) y de la receta de la Reina Pepiada de tu madre (digo yo).

Claro que te entiendo, porque yo tampoco quiero irme, pero la cosa ya no aguanta mucho más. Isabelita ya no es una niña, y mi hijo Esteban…

Arregla las cosas Manuel, arréglalo todo y vete, hazle caso a tu prima la abogada ésa que vive en Canarias, y vete. Yo te entiendo que no es fácil dejarlo todo, pero hay cosas peores que empezar de nuevo, Manolo,  peor es que tengas que seguir en silencio, que el silencio te come por dentro…

Ya habrá forma de liquidar tu parte aquí, y transferir el dinero a otro país, ya buscará tu prima la abogada la manera de hacerlo, ya buscaré yo la manera de que alguien te compre tu parte de la arepera, y si no, te la compro yo y te la iré pagando como pueda, pero es mejor que arregles los papeles y te montes en ese avión que te lleve lejos.

Y hazlo bien, Manolo, llévate los papeles necesarios, busca los que no tengas aún, asegúrate de que no te vayan a echar atrás todo por un papelito bobo que te faltó rellenar. Mira lo de Inocencio, que pensaba que si se iba y se quedaba ilegal no pasaba nada, y al final lo devolvieron, sin papeles, y sin sueños.

Yo te entiendo Manolo, no te voy a entender… Ya sabes que yo también me iría, pero no puedo, no puedo dejar a Esteban aquí y marcharme, sabes que no. Si no fuese por eso, yo también lo dejaría todo, y me iría contigo, a hacer juntos en cualquier calle de esas de Canarias unas arepas de Reina Pepiada con la receta de tu madre.

Así que ya estás llamando a tu prima la abogada, y vas preparando lo que te pidió, saca la cédula nueva, busca y certifica en el Consulado de España los certificados de nacimiento de ustedes, y el de matrimonio, y no te olvides de los papeles de Isabelita, que ya habrá tiempo de que termine de estudiar allá, y quien quita que pueda volver como periodista, como ella quiere, a contar al mundo lo que pasa aquí, lo que le pasó a Esteban y a otros tantos.

Si te vas, no te olvides de nosotros, y no te preocupes, que trataremos de cuidar tus propiedades aquí, en a medida de lo posible, luchando con uñas y dientes, con las armas legales que nos quedan.

Pero vete Manolo, vete para que no tengas con Isabel el problema mío con Esteban, tú tienes la posibilidad de cambiar su destino, yo no pude. Y ahora te dejo con el papeleo, Manolo, que tengo que ir a al Este, a la Guairita a ver a Esteban, y a contarle lo de tu partida, y dile de mi parte a tu Isabelita que no lo llore más, que ya encontrará quien la mire con los ojos de mi Esteban en otro mundo mejor.

Albania Oyarzun.

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